
Un polizón de seis años
Hay fijaciones constructivas y pasiones que necesitan de un sacrificio. Cuando Alfonso tenía 6 años no se lo pensó. Para acompañar a su padre, se escondió en la cabina del camión. Tapado con una manta y tras los asientos, cumplió su plan. Jamás se le ha olvidado aquel día. Lo que si ha borrado de su cabeza es si hubo “consecuencias”. Sueño alcanzado. Y a partir de los 7 años, se convirtió en copiloto esporádico de su padre.
Ver ruta Instinto