
La máquina de la ambición
A los diez años Alfonso Sesé ya sabía que su vida estaría ligada a las ruedas. Tanto que le regalaron una bici y no paró hasta cambiarle el manillar por un volante de camión. Era lo que necesitaba para hacer sus pequeños negocios. Pedaleaba hasta con tres fardos de alfalfa en su carretilla, centrado en su objetivo, con la misma determinación que más tarde definiría su carrera.
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